Los surrealistas se definen como portadores de llaves porque abren las compuertas de lo desconocido y permiten traspasar lo racional para llegar a lo suprarreal. Ese objeto cotidiano, la llave, forma parte de los arquetipos habituales entre los artistas surrealistas, quienes modifican su significado en el mundo actual con la intención de proponer una nueva forma de expresar lo profundo del subconsciente a través de elementos ordinarios. Es una manera de perturbar la vida cotidiana y crear lenguajes estéticos de complejos significados.
Dalí, al igual que Giorgio de Chirico (1888-1978) y André Breton (1896-1966), considera que la llave, objeto visible, permite acceder a lo invisible del inconsciente. A esa idea se le unen las teorías freudianas que asocian a la llave la capacidad de abrir las puertas al conocimiento y a lo más profundo de la mente. De ahí que este elemento sea utilizado en diversas ocasiones en su obra como en la ilustración realizada para la edición de Conte de Nadal de J. V. Foix, con el título El vigilante, de 1926, o en el cine con la escena diseñada para la película Recuerda (Spellbound, 1945) de Alfred Hitchcock con gran significado para el concepto de «llave psicoanalítica». Quienes portan las llaves, como es el caso del ama de la escultura, pueden abrir puertas cerradas a quienes no sean titulares de ellas. Dalí construye un lenguaje visual como símbolo de autoridad y por tanto de libertad, pero también como amuleto y protección ante sus propios miedos.

