Al igual que hace en otras obras, Dalí aplica el juego dual de denominar a sus esculturas con nombres compuestos o complementarios que, en principio, confunden al espectador y posteriormente le obligan a relacionar el contenido visual de la obra con el intelectual. En el caso de Tritón alado o Ángel de la victoria, el juego parte de las formas clásicas de representación de la fábula. La identidad entre el agua y el aire es perfecta; Dalí consigue a través de los símbolos recrear los elementos que más aprecia consiguiendo el efecto deseado de la figura de Tritón surgiendo de las aguas en un impulso extraordinario por elevarse.
En cuanto a la metamorfosis de Tritón con alas, es consecuencia del interés de Dalí por el elemento insustancial divino, el ángel, la figura del espíritu celeste en la tradición cristiana. Desde joven el autor se había interesado por ello, pintando temas de ángeles. El cambio de actitud y, sobre todo, su incorporación al surrealismo lo inclina hacia la figura del ángel caído, en quien se reconoce, como demuestran estas palabras en el documental Salvador Dalí, las dos caras de un genio (2012): «… toda una vida, que a algunos ha podido parecer confusa y, todo hay que decirlo, perfumada con el azufre del demonio». Su éxtasis paranoico-crítico le lleva a identificarse con ellos, haciendo partícipe a su musa, Gala. Así, realizará obras como Metamorfosis de ángeles en mariposas (1973, Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias), cuyo título nos indica el mismo proceso que realiza el autor en esta escultura.

