La imagen que Dalí refleja desde un punto de vista onírico es la de una figura humanizada —de ahí también el título de la pieza— que cabalga sobre el lomo de un delfín en un equilibrio de habilidad y fuerza dominando no solo al animal, sino el elemento acuático que sostiene a ambos. Su imagen representa la fuerza de la naturaleza y el poder del agua. El hombre - Poseidón de Dalí aparece algo alejado de los aspectos iconográficos que rodean el mito. Habitualmente se escenifica como la figura del dios griego surgiendo de las aguas con un gran carro tirado por delfines que el artista ha reducido aquí a un solo ejemplar.
El interés de Dalí por esta figura, además de los elementos artísticos vinculados a la tradición mediterránea, puede asociarse a la simbología de Poseidón como dios que, al igual que Dionisos, provocaba ciertas formas de perturbación mental, tal y como ya refiere un texto hipocrático del 400 a. C. sobre la epilepsia, enfermedad que con anterioridad se había tenido por sagrada. El mar es su metáfora de la eternidad; es el elemento que se transforma, muere y resurge y sus habitantes participan de la fiesta de la creación. Dalí afirma: «Mi espíritu está en ósmosis con el mar, los árboles, los insectos, las plantas, y con ello adquiero un equilibrio real que se traduce en mis cuadros» (Dalí y Parinaud 1973).

